Nota de Hoenir Sarthou en Semanario Voces, 23 de julio de 2015

INDISCIPLINA PARTIDARIA, la columna de Hoenir Sarthou: Un google y varias moscas

Lo que quiero decir hoy es resultado de varios hechos, conversaciones e intercambios que han ocurrido y  he mantenido en los últimos días. Así que, para decirlo, tendré que atar a varias moscas por el rabo. No sé si lo lograré, pero voy a intentarlo.

OMAR

La semana pasada, Omar Paganini respondió en Voces a un artículo mío sobre el acuerdo entre el Plan Ceibal, la ANEP y Google.

Sin dejar de admitir lo delicado del asunto de la privacidad de la información cuando intervienen las nuevas tecnologías informáticas, Omar, con quien me une una larga relación amistoso-familiar, defendió el acuerdo con Google alegando esencialmente que esa es la dirección en la que va el mundo y que negarse a la incorporación de esas tecnologías en la enseñanza es algo así como marginarse del mundo, al tiempo que señaló que hay un “doble discurso” en usar esas tecnologías y oponerse a que se les proporcionen también a los alumnos escolares y liceales.

En rigor, no voy a responderle a Omar. No porque él no lo merezca ni porque el tema no lo amerite, sino porque ha ocurrido un hecho nuevo que, a mi juicio, cambia sustancialmente la situación.

MARÍA, ROBERTO

María Simón, Decana de la Facultad de Ingeniería de la UdelaR, y Roberto Markarían, Rector de la UdelaR, compartieron la preocupación del numeroso grupo de docentes que se había pronunciado contra el acuerdo con Google. Secundados por los Consejos de los centros de estudio que dirigen, objetaron el acuerdo por cuanto éste determina que valiosa información relativa a menores de edad quede en poder de una empresa privada extranjera, situación que, para empezar, sería violatoria de normas legales vigentes en nuestro país respecto a los datos personales.

Pero Simón, Markarián y la UdelaR no se limitaron a oponerse al convenio con Google, sino que –y esto es lo importante- ofrecieron elaborar una plataforma nacional, sustitutiva de la de Google, para satisfacer las necesidades informáticas del sistema educativo.      

La iniciativa tuvo buena acogida en el sistema político, al punto que el convenio con Google parece haber quedado “en el fondo del mar”, según palabras de un legislador blanco.

En un país en que la mayor parte de los discursos son reclamos de derechos y defensa de intereses particulares,  la propuesta de la Universidad no puede dejar de llamar la atención.

EL MODELO DEL EGOÍSMO

Nos hemos acostumbrado a que los debates públicos consistan en que una corporación o una categoría social, generalmente minoritaria, le exija al resto de la sociedad el reconocimiento de algún derecho o la protección de algún interés. Son buenos ejemplos de ello la tenaz resistencia de las gremiales rurales y empresariales a que se les cobren impuestos, los regímenes de privilegio exigidos por, y concedidos a, los bancos, los megainversores extranjeros y los contratantes con el Estado, la soberbia discrecionalidad ejercida por las élites políticas, los reclamos salariales de los sindicatos “fuertes”, las exigencias de cuotas parlamentarias “de género” y de cuotas laborales raciales, la insaciable “nueva agenda de derechos”, la vieja impunidad corporativa de los militares y de la policía, las nuevas impunidades, del fútbol, de la publicidad, del sistema de salud, de los medios de comunicación, etc..

Contrariamente a lo que suele hacernos creer el liberalismo económico, una sociedad integrada no es –no puede ser-  sólo un coro desafinado de reclamos e intereses particulares, corporativos y egoístas.

LA UdelaR Y EL RESCATE REPUBLICANO

En ese contexto, la voluntad de la Universidad de la República, de hacerse cargo de la elaboración de una plataforma para atender las necesidades informáticas del sistema educativo, adquiere un sentido profundamente republicano. Por un lado, le restituye a la sociedad la soberanía en un área en que ésta es vital: el diseño de los sistemas informáticos con los que se educarán sus niños y sus jóvenes. Por otro, le asegura el control y la privacidad de la información que resulte de ese proceso educativo.

Pero, además, ese gesto puede ser una señal de que la Universidad se rescata a sí misma de cierto papel prescindente que ha tenido desde hace años ante los debates de la vida social. ¿Cuánto hacía que la UdelaR no lideraba un proceso político (en el sentido de “propio de la polis”) en la sociedad uruguaya? ¿Cuánto hacía que, desde su saber científico y/o técnico, no proponía, con autonomía del sistema político, una línea de acción para la sociedad? ¿Cuántos errores del sistema político podrían haberse evitado si la Universidad, en estos años, hubiese volcado con más decisión y autonomía su aporte científico y técnico?

Un proyecto político republicano y democrático es mucho más que el reconocimiento de los derechos y la satisfacción de los intereses de los grupos sociales más poderosos. Requiere decisiones que en parte satisfagan y en parte restrinjan las pretensiones de todos los grupos de interés internos, y que definitivamente limiten la incidencia de los poderosos intereses globales que hoy amenazan a todos los Estados.

PATRICIOS Y PLEBEYOS

Anoche (escribo en la madrugada del miércoles) pasó por casa mi amigo M. Divagamos sobre política durante un rato y terminamos coincidiendo (es lo que tienen las charlas nocturnas) en que, desde que los seres humanos nos hemos organizado en sociedades de cierta complejidad, siglos antes de que se soñara con hablar de “burguesía” y de “proletariado”, han existido en toda sociedad dos partidos. En la vieja república romana se llamaron el partido “de los patricios”, y el partido “de los plebeyos”. En otras sociedades tuvieron otros nombres, o no tuvieron nombre.

Uno de esos “partidos” tiende a concentrar la riqueza y el poder político en pocas manos, las más ricas, las más fuertes, las más capaces, las más aristocráticas. El otro tiende a distribuir la riqueza y el poder político entre más manos. Uno es más oligárquico; el otro más democrático. Los dos pueden ser corruptos, torpes, ineficientes, autoritarios. Sólo en eso son inconfundibles: uno expresa a los que tienen menos y tiende a repartir la riqueza y el poder; el otro expresa a los que tienen más y tiende a concentrar la riqueza y el poder.

La sociedad global del Siglo XXI no es una excepción. También en ella hay un partido “de los patricios” que tiende a concentrar riqueza y poder (e información) en cada vez menos manos. Las corporaciones globales son buena parte de ese partido.

Y hay también un partido “de los plebeyos”. Sólo que está (estamos) dispersos y no siempre atinamos a percibir que el conflicto se juega en muchas canchas y a muchos niveles.

EL ERROR DE OMAR

El viejo caballito de batalla de las posturas neoliberales es que todo el que se resiste a los modelos de gestión del sistema económico dominante es un retrógrado “sesentista” que rechaza tanto la innovación técnica como la ideológica y se niega a asumir que el mundo cambió, que el futuro pasa por nuestra puerta una sola vez y que si no nos trepamos a él nos dejará de lado en su marcha triunfal.

Algo de ese espíritu hay en el artículo de Omar. Parece confundir a la innovación tecnológica con quienes la controlan. O, en otras palabras, parece identificar a la innovación tecnológica con Google.

Como dije, la respuesta no se la daré yo. Es la UdelaR la que parece estar respondiéndole, diciéndole que es posible conjuntar ciencia, técnica y soberanía democrática.

La cuestión no es elegir entre contar con los dedos o firmar un convenio con Google. La cuestión, como siempre, es cómo utilizar los mejores recursos tecnológicos sin perder el control democrático de los resultados. La opción no es firmar con Google o prescindir de la tecnología, sino disponer de la tecnología y prescindir de Google.

La Universidad está diciéndonos que eso es posible. Sólo cabe desearle el mayor de los éxitos. Por el bien y la esperanza de todos.

El artículo original está disponible en este link: http://www.voces.com.uy/articulos-1/indisciplinapartidarialacolumnadehoenirsarthouungoogleyvariasmoscas

Anuncios
Nota de Hoenir Sarthou en Semanario Voces, 23 de julio de 2015

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s